Thor, un dios sin barreras

Una trilogía de relatos del Dios del Trueno escritos por Matt Fraction y con dibujos de Patrick Zircher

Los cómics mienten y nos hemos creído sus mentiras. Todo seguidor del Universo Marvel que se precie piensa en Thor como un impresionante ser hipermusculado, de cabello rubio y belleza serena, vestido con capa, tocado con casco y armado de un enorme martillo con el diseño característico que vemos en los cómics. Sin embargo, el Thor de los relatos mitológicos no se acerca en absoluto a esa descripción. Éstas lo señalan como un Dios del Trueno colérico, con frecuentes ataques de ira que le llevaban a masacrar a sus enemigos mediante el martillo Mjolnir, que se traduciría en buena lógica como El Triturador. Su aspecto era rudo, con una poblada barba pelirroja, y su personalidad impulsiva le hacía poco propenso a entablar diálogo. De la comparación entre mito y viñeta, concluimos que Stan Lee y Jack Kirby tomaron de lo primero sólo aquello que les resultaba interesante, de cara a llevarlo luego a su terreno superheroico. Porque Thor, nuestro Thor, y esta afirmación quizás te sorprenda, no es más que un superhéroe con un barniz mitológico, pero superhéroe al fin y al cabo... salvo cuando no lo es.

A finales de la primera década del siglo XXI, el guionista Matt Fraction recibió el encargo por parte del editor Warren Simmons de escribir un puñado de especiales que sirvieran para paliar los numerosos retrasos que estaba acumulando la serie del Dios del Trueno, desarrollada en aquel entonces por Joe M. Straczynski y Olivier Coipel. Se trataba de una época especialmente aplaudida, lo que permitía disculpar esas ausencias en su cita mensual, que había servido para reestablecer a Thor dentro del Universo Marvel, después de que hubiera concluido un largo periodo de ausencia y sequía de sus historias. Straczynski y Coipel habían llevado a cabo una reconstrucción, que al mismo tiempo que apelaba a los elementos más significativos del personaje, estaba salpicada de originalidad. La historia que estaba narrando JMS respondía a sus planes, y sólo a sus planes, así que ningún otro autor podría haberse inmiscuido en ella, y dada la importancia que este guionista tenía en la Marvel del momento, la editorial tampoco lo hubiera permitido.

Por lo tanto, Matt Fraction tenía en cierta forma vetado al Thor actual. ¿Hacia dónde podía entonces apuntar en sus especiales? El guionista se acordó entonces de los llamados “Relatos de Asgard”. Se trataba de una serie de complementos, aparecidos en la cabecera del Hijo de Odín en los mejores tiempos de Lee y Kirby, en los que estos narraban a su manera los capítulos más destacados de la mitología nórdica. Todo aquello que figuraba en los tratados acerca de las leyendas vikingas se traducía al particular lenguaje Marvel: del nacimiento de los Nueve Mundos al Ragnarok, de las batallas contra los Gigantes de Hielo a la adopción de Loki por parte de Odín. El Thor que allí se representaba, por más que tuviera el mismo diseño que el que luchaba junto a Los Vengadores, resultaba más primitivo y más presuntuoso. Si el Capitán América no terminó de definirse hasta que, al ser rescatado de los hielos veinte años después de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un hombre fuera del tiempo, el Thor de Marvel no completó su caracterización hasta que fue sometido por Odín a la cura de humildad que suponía verse desterrado a la Tierra como un débil mortal llamado Donald Blake.

>El Thor de los “Relatos de Asgard” era un Thor sin barreras, y ese era el Dios del Trueno al que regresaría Fraction con sus especiales, un punto de partida que, además, se vio reforzado por el giro de tuerca que, unos pocos años antes, hubiera dado Michael Avon Oeming alrededor del concepto de Ragnarok. Hasta entonces, el Fin de los Dioses, uno de los capítulos clave de la mitología nórdica, equivalente al Apocalipsis de la Biblia, se identificaba como algo que podía ocurrir, pero que o bien llegaba a evitarse o bien se conseguía burlar. De esta forma, y a lo largo de las décadas, los aficionados habían llegado a leer distintas versiones del Ragnarok... pero que nunca eran el final de nada, sino una saga más dentro de la serie. Oeming cambió esa consideración de arriba abajo, al establecer que los dioses viven encerrados en un ciclo eterno de nacimiento y destrucción, que se ha repetido en incontables ocasiones. Puede que sean inmortales, pero están condenados a vivir una y otra vez similares tragedias y alegrías, sin aprender gran cosa sobre ellas.

Tal descubrimiento cambió la manera en la que autores y aficionados percibían al Dios del Trueno y su mundo, a la vez que abría las puertas a muchas historias que nunca antes habían sido contadas y que se habían dado lugar en diferentes ciclos, porque, aunque las líneas maestras, el principio, el desarrollo y el final siempre eran similares, el misterio y la aventura esperaba en las pequeñas digresiones, en los cambios que se produjeran entre unos ciclos y otros. Había una conexión directa entre quienes adoraban a esos dioses, la sociedad en la que habitaban o la época que les había tocado vivir, y el contexto en el que se desarrollarían sus leyendas. En el fondo de la idea latía una sencilla afirmación: el hombre, en cada momento de su existencia, necesita contar historias que, en sus rasgos superficiales, difieren, pero que se mantienen inalterables en su espíritu.

La premisa alimentó los especiales de Fraction, de tal manera que cada uno estaría ambientado en una Era del Ragnarok diferente, con el consiguiente cambio de interpretación de protagonistas y escenarios, pero con un tono de fantasía heroica unificador, muy próximo al de las adaptaciones cinematográfica de El señor de los anillos, al que contribuirían los dibujantes. A la cabeza de todos ellos se situó Patrick Zircher, un artista en activo desde los años noventa, que había pasado por innumerables colecciones tanto de Marvel como de DC Comics sin llegar nunca a destacar en exceso, pero que en su acercamiento a Thor eclosionó como nunca antes había hecho, y como tampoco llegaría a hacer con posterioridad: la promesa de que “Las edades del trueno” le convertirían en una estrella de pies a cabeza nunca se llegó a cumplir. Zircher acometió los principales capítulos de la saga, mientras que otras fases quedaron en manos de artistas como Khari Evans y Clay Mann, que llevaban a cabo una mimetización del estilo del dibujante principal durante los tres especiales en los que se desarrollaría el proyecto. Todavía habría un cuarto lanzamiento, también con guiones de Fraction, pero que argumentalmente se distanciaba de los anteriores, al tomar como referencia historias de la Era Marvel del personaje y suponer, en realidad, un homenaje a Walter Simonson, el autor más importante con el que haya contado el Dios del Trueno, al margen de sus creadores. También ha sido incluido en esta recopilación, a efectos de completismo.

El Thor de “Las edades del Trueno”, sin los matices que más adelante le daría su encarnación de Donald Blake, es un individuo arrogante y furioso que no siente conexión alguna con la humanidad. De una forma u otra, Odín siempre encontrará motivos para enviar a su hijo al mundo de los mortales. Los relatos contenidos en este volumen se convierten así en una especie de precuela del Thor marvelita, o en un Thor alternativo que se distancia en personalidad y nobleza del que conocemos, pero que en su alejamiento de los superhéroes no ha hecho sino aproximarse a los mitos que cantaran los vikingos cuando la raza humana todavía era joven.

100% Marvel HC. Thor: Las Edades del Trueno 100% MARVEL HC 100% MARVEL HC. TOMOS ÚNICOS

Fecha de lanzamiento: 05/10/2017

€ 16,50
€ 15,68